Tamiahua: El grito de un pueblo que exige cambio

Tamiahua, Veracruz, un municipio con un encanto natural que abraza lagunas, playas y ostiones, se encuentra una vez más en el ojo del huracán de la discusión pública. No por sus bellezas, sino por las carencias que sus habitantes señalan con una mezcla de frustración, esperanza y un dejo de sarcasmo. Hace unos días, en el grupo de Facebook Chisme Tamiahua, Luis Hernández lanzó una pregunta que desató una avalancha de respuestas: “Si yo fuera a ser Presidente de Tamiahua, ¿qué pedirían para hacer un mejor Tamiahua y sus necesidades?”. Lo que sigue es un diagnóstico crudo, directo y sin adornos de un pueblo que ya no quiere promesas vacías.

El clamor es unánime: agua potable y drenaje encabezan la lista de prioridades. Desde Lorencezz Gmz Lucia hasta Esteban Cruz, pasando por Mary Valdes Carbajal, los habitantes coinciden en que sin estos servicios básicos, Tamiahua no puede despegar. “Más de 40 años y nada que hacen”, lamenta Cruz, mientras Martha Stefany HV y Jose Lira insisten en que son la base para cualquier progreso. No es un capricho; es una necesidad que lleva décadas en el abandono, un recordatorio de que las palabras de campaña, como dice Jose Blanco, “se las lleva el viento” si no hay hechos.

La corrupción, ese mal endémico, también ocupa un lugar estelar en las quejas. Enrique Ramirez lo resume con claridad: “Todos nada más quieren para enriquecerse ellos, y el pueblo dónde queda, en lo mismo”. Sergio Ponce y Rosas Ramiro van más allá, exigiendo un presidente que no sea títere de “mafiosos” ni llene sus bolsillos a costa del erario. La desconfianza es tal que propuestas como la de Yareth Reyes, pedir que las promesas se firmen ante el pueblo, reflejan un deseo de blindarse contra el olvido conveniente de los políticos.

Pero las demandas no se detienen en lo básico. Santi Torres pide un hospital equipado con atención 24/7, mientras Rochy Alejandre suma transporte nocturno a Tuxpan, electricidad estable y cobertura de internet. María Esther Gómez Sanchez aboga por viviendas para quienes llevan años rentando, y Rafael Ponce clama por limpiar la contaminación de la laguna y sembrar ostiones, un guiño al potencial económico que Tamiahua podría explotar si alguien se atreviera a mirar más allá de su propia bolsa.

No todo es seriedad. El ingenio mexicano aflora en comentarios como el de Emilio García, que sugiere a Luis Hernández un “injerto de pelo” porque “los pelones en cargos políticos tienen finta de ratas”, o el de Beto Diaz, ofreciendo su voto por “pan con café”. Sin embargo, tras las bromas subyace una crítica mordaz: la preparación importa. Forotuxpan y Jhon Anthuan Geronimo Jarillo no dudan en señalar que la ortografía de algunos aspirantes deja mucho que desear, un detalle que para ellos refleja la capacidad de quien pretende liderar.

Las comunidades rurales, olvidadas en el discurso centrado en la cabecera municipal, también alzan la voz. Eddie Zamora reclama atención para Tarabitas, Puntilla y Tantalamos, mientras Ulises Juarez propone mejorar accesos a las playas y una pista directa desde Tuxpan para impulsar el turismo. “Si hay más ingresos, ni se va a sentir que roban”, dice con resignación práctica.

Tamiahua no pide imposibles. Quiere lo elemental: agua, drenaje, honestidad. Quiere un líder que, como dice Judith Rosas, sea honesto y cumpla “con lo que el pueblo mande y necesite”. Quiere progreso, no retrocesos ni carnavales que despilfarren recursos mientras el alumbrado público languidece, como apunta Jesús Diaz Muñoz. Quiere, en suma, ser tratado con respeto.

El mensaje es claro: los tamiahuenses están hartos de discursos huecos y manos largas. Si Luis Hernández o cualquier aspirante quiere esa silla, deberá escuchar este grito colectivo. Porque, como bien dice Mary Valdes Carbajal, no se trata de ataques, sino de propuestas concretas: qué, cómo y con qué recursos.

El reloj corre, y Tamiahua no esperará otros 40 años.

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